Japón, Viaje 2016

Comienzan los festivales!

Comienzan los festivales!…bueno, en realidad han terminado hace unas semanas ya que, como sabéis, hemos tenido que interrumpir las publicaciones “en directo” debido al ajetreo y cambio de base constante a partir del último día en Tokio. Así que seguiremos compartiendo nuestra historia desde nuestra tierra pero con nuestro corazón aún en Japón y es que, la huella que nos deja este país en cada viaje es cada vez más intensa.

Volvamos entonces al día 4 de Agosto, una nueva mañana calurosa y húmeda aún a las 7:00, hora a la que abandonábamos nuestro amado Hotel Edoya para dirigirnos a nuestra también querida estación de tren Okachimachi. Allí tomamos un tren de la línea Yamanote hasta la estación de Ueno con el objetivo de montarnos en nuestro primer Shinkansen (tren bala), en este caso la serie Hayabusa, que como véis es una auténtica pasada:

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Tras unas horas de preciosos paisajes, café, algún dulce y alguna cabezadita llegamos por fin a nuestro siguiente destino, la ciudad de Morioka.

Morioka es la capital de la prefectura de Iwate, en la región de Tohoku y está en la parte norte de la isla central de Japón, Honshu. Este hermoso lugar nos recibió a eso de las 12:15 con un calor aplastante, contradiciendo nuestro pensamiento, iluso, de que seguramente al norte estaría más fresco. Más o menos hicimos una especie de símil de lo que sería la diferencia climatológica entre Asturias y Madrid en pleno Agosto…pero no, aquí hacía, si cabe, mucho más calor, incluso estando a más de 500 Km al norte de Tokio.

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Pero bueno, como Lorenzo no es ningún impedimento para disfrutar de estos parajes, nos avituallamos con agua bien fresquita y nos dirigimos a nuestro hotel para hacer el check-in, relajarnos un poco y continuar. ¿Cuál era la mejor forma de continuar?…pues sí, comiendo. ¿Y qué comimos?, pues el que viene siendo ya nuestro plato estrella siempre que visitamos Japón: Arroz con Curry. De verdad, si alguna vez tenéis la oportunidad de poder probarlo, ni lo dudéis, es de lo mejor que nos hemos llevado a la boca en nuestra vida.

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Dimos buena cuenta de sendos platos, como puede apreciarse en la imagen y con el estómago bien lleno nos dirigimos a la plaza de la estación en la que se estaba realizando una representación o muestra de lo que acontecería al anochecer. Llevamos unas cuantas líneas y aún no hemos dicho nada sobre el festival!…bien, se llama Sansa Odori y consiste básicamente en un gran desfile por una avenida principal de la ciudad, en el que los participantes ataviados con coloridos yukatas interpretan un característico baile al son de las flautas y los tambores taiko. Dicho así, no parece nada especial pero en persona es algo espectacular.

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Mientras presenciábamos las pequeñas muestras de los distintos grupos de baile en la plaza, acompañados a partes iguales del tremendo calor y de nuestra botella de agua, uno de los integrantes del inminente festival se acercó a nosotros y con una mezcla de timidez y agradecimiento nos obsequió con un pequeño adorno/colgante/llavero con la característica forma de los sombreros que utilizan durante la danza. Así se inauguró una etapa del viaje llena de pequeñas sorpresas y momentos emotivos que llevaremos en nuestro recuerdo siempre.

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A modo de broma la tarde transcurría deprisa y sin darnos cuenta se acercó la hora de buscar ubicación para presenciar el festival. Los japoneses tienen bien clara esta cuestión y se hizo notar cuando vimos numerosas esterillas colocadas a lo largo de la avenida con el fin de tener su sitio reservado desde primera hora y poder asegurarse un buen punto de observación. Finalmente decidimos situarnos en unas pequeñas escaleras, que si bien no nos daban una posición muy privilegiada, era mejor que estar directamente en la acera.

La hora llegó, la fiesta comenzó y la magia fluyó por las calles de Morioka al son estremecedor de los taikos y el bonito sonido de flautas y platillos acompañados del particular grito “Sakkore Choiwa Yase” que los participantes repiten a lo largo de todo el recorrido. Es realmente hipnótico y especial ver a personas de todas las edades moverse de una forma tan sincronizada mientras manejan los tambores taiko sin dejar de lado el juego de piernas que el baile Sansa requiere. Podéis ver en nuestro instagram un pequeño vídeo grabado en el festival.

El baile terminaba, pero la fiesta no había hecho más que empezar para los habitantes de Morioka. Numerosos puestos de comida repartidos por diversas calles se llenaban de gente buscando algún snack, bebida o directamente y en nuestro caso, la cena. Decidimos hacernos en nuestra primera parada con unas brochetas de yakitori (pollo frito) con salsa teriyaki que estaban deliciosas (como casi todo aquí) acompañadas por una rica cerveza artesanal autóctona. Para no quedarnos con hambre, rematamos con unos takoyaki (bolitas rellenas de pulpo que ya salen en algún post anterior) y un par de maxi-salchichas a la plancha tan típicas en este tipo de establecimientos. El resto de la noche consistió en disfrutar de la gente y el gran ambiente que deja un festival así, aunque no el tiempo que nos hubiese gustado, ya que al día siguiente el viaje continuaba bien temprano.

Morioka queda bien presente en nuestro recuerdo y sin duda intentaremos volver a disfrutar su festival al menos una vez más.

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