Japón, Viaje 2014

Camino de la Filosofía

Comenzamos nuestro segundo día en Kioto un poco más descansados de lo que viene siendo habitual. Esta vez, el plan que teníamos pensado no nos obligó a madrugar tanto y pudimos dormir 8 horitas que nos sentaron genial. Al final lo contrarrestamos caminando más que nunca, pero bueno…

En Hana Hostel no tenemos desayuno incluido, así que aprovechamos para ir al Delifrance, una cafetería donde solíamos desayunar en nuestra anterior estancia en Kioto. No obstante, para quien le interese, el hotel ofrece café y té gratis para los huéspedes, así que no hay problema en ese aspecto.

Tras desayunar nos dirigimos a la estación de autobuses a comprar el billete con el que nos desplazaríamos a lo largo de la mañana. Es un ticket llamado “One day pass”, que por 500¥ se puede utilizar de forma ilimitada durante ese día y dentro de una zona específica. Es la mejor opción para moverte por Kioto, ya que un viaje de ida y vuelta a alguno de los templos de la ciudad te puede salir por unos 400 y pico yenes, por tanto compensa bastante.

Nuestro primer destino fue el templo Ginkaku-ji, un lugar al que no pudimos ir en 2012 por habernos liado un poco con los nombres y las líneas de autobús…así que pudimos sacarnos una espinita que teníamos clavada. El viaje en bus fue bastante corto y enseguida nos plantamos a pocos metros de la entrada al templo. La lluvia llevaba azotándonos desde que salimos del hotel, pero la verdad que no nos molestó nada, de hecho seguimos agradeciendo la bajada de temperaturas, que aunque inusual en esta época, te facilita mucho las cosas a la hora de moverte tanto. Además, las fotos tienen su encanto cuando las tomas bajo la lluvia.

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Este templo, construido inicialmente como casa de campo para el sogún Ashikaga Yoshimasa, fue convertido en templo tras la muerte de éste. El nombre, que se traduce como Pabellón de Plata, tiene su origen en la ambición del sogún por recubrirlo enteramente de plata, aunque en realidad nunca se llevó a cabo. La verdad que aunque el edificio principal es bastante sencillo, es una maravilla para la vista, quizás por el estanque que tiene justo delante o por el jardín zen que le acompaña a pocos metros. Desde una pequeña colina a la que se puede acceder, se puede admirar el Ginkaku-ji desde otra perspectiva, así como obtener unas bonitas vistas de la ciudad de Kioto en general.

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La visita a este templo dio comienzo al Camino de la Filosofía, una ruta que transcurre junto a un pequeño canal y que es muy recomendable para ir realizando todas estas visitas. Tras un breve paseo por este camino, bajo el incesante pero relajante sonido de la lluvia, llegamos al segundo de los templos del día, Honen-in.

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En este caso nos llevamos una pequeña decepción. No porque no nos gustase el templo, que tanto los jardines como el edificio principal nos parecieron preciosos, sino porque daba una ligera sensación de abandono. Además no había nadie visitándolo y nos dio un poco de pena, aunque así lo tuvimos disponible enteramente para nosotros.

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Salimos del Honen-in y continuamos por el Camino de la Filosofía disfrutando del bonito paseo para llegar al tercer templo, cuando de repente vimos algo que nos hizo detenernos. Había una casa de té abandonada y justo a la entrada, una especie de carrito junto al cartel donde rezaba el nombre del local. Nos pareció ver algo moviéndose en su interior así que nos acercamos para confirmarlo. Uno, dos, tres, cuatro, cinco….hasta nueve gatitos llegamos a contar, todos acurrucados durmiendo plácidamente. El carrito tenía unos colchones que seguramente alguien había puesto para que los felinos estuviesen mucho más a gusto. No se asustaron lo más mínimo con nuestra presencia, así que les hicimos algunas fotos de cerca. Tampoco quisimos molestarles así que proseguimos nuestro camino para finalmente llegar al tercer destino del día, el templo Eikan-do.

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Este fue el que más nos gustó con diferencia, ya que pudimos disfrutarlo tanto por dentro como por fuera. Recorrimos descalzos su madera y sus tatamis y pudimos admirar sus jardines y estanques que relajaban la mente con solo mirarlos. La mezcla del olor a incienso, a madera y tierra húmeda mientras estás sentado en uno de los corredores interiores del templo viendo caer la lluvia sobre los estanques llenos de nenúfares, es una sensación que debería ser obligatoria para todo el mundo, al menos una vez en la vida.

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Antes de ir a por el último templo del día, callejeamos un poco en busca de un lugar para comer, que ya eran horas. Nos llamó la atención un pequeño local cuya carta tenía bastante buena pinta. Al entrar nos sorprendimos de lo ínfimo que era el espacio, contaba con unas 6 mesas y la cocina, nada más. El establecimiento estaba regentado por una señora y su madre, seguramente un negocio familiar con bastantes años de historia. Decidimos comer nuestro primer Yakisoba (fideos fritos) y de segundo un Okonomiyaki con pasta de arroz y cerdo. Ambos platos estaban espectaculares y a muy buen precio.

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Con el estómago lleno, continuamos nuestro Camino de la Filosofía hasta el siguiente templo, Nanzen-ji. Este complejo cuenta con un recinto bastante amplio y separado en varias zonas distintas. Por un lado se encuentra la puerta San-mon, que está inmediatamente después de la entrada principal y que tiene un aspecto bastante imponente cuando te encuentras a sus pies. Nada más cruzar la San-mon se encuentra el edificio principal del templo, al que no se puede acceder, pero sin duda merece mucho la pena admirar desde afuera. Por último, visitamos los jardines Hojo, que se encuentran en la parte más exterior del complejo y que cuenta con unos preciosos jardines zen frente a los que vale la pena sentarse durante un buen rato mientras descansamos cuerpo y mente.

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El último destino que teníamos previsto para el día de hoy era el templo Kiyomizu-dera, pero nos lo encontramos en obras así que optamos por no entrar. No nos compensaba pagar la entrada si no podíamos verlo en todo su esplendor, además ya lo habíamos visitado en nuestro viaje anterior.

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Al menos, en una de las numerosas tiendas que se encuentran en la calle de acceso al templo, pudimos probar un dulce que nos encantó. Era una especie de bollo relleno de crema, pero estaba abierto por arriba y tenía helado de vainilla junto con el relleno…delicioso!

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Regresamos al hotel destrozadísimos de tanto caminar, así que dedicamos el resto de la tarde a descansar, hacer algunas compras y finalmente llevarnos algo para cenar en la habitación.

Mañana otro buen madrugón para viajar a Hiroshima, donde volveremos por fin a nuestra amada Miyajima, el lugar donde una vez pedimos un deseo, poder volver a Japón algún día, así que allí estaremos cumpliendo nuestra parte.

Un abrazo!

 

12 thoughts on “Camino de la Filosofía”

    1. La verdad que te pegas una buena paliza caminando, pero merece la pena llegar a cada templo o santuario y relajarte un buen rato, es precioso.

  1. Precioso el Japón tradicional.
    Que vistas, edificios, vegetación… Me encanta ☺️
    Mi parte favorita los gatitos jaja
    Que monada por dios ❤️❤️❤️

    1. Es lo bueno que tiene este viaje, en cuanto te cansas de rascacielos y luces, puedes visitar lugares como estos y ver una cara muy distinta del país.

    1. Gracias! En realidad el mérito es del paisaje, las fotos salen solas. Te vuelves loco mirando tantísimos sitios para retratar, es el paraíso del fotógrafo.

  2. Qué pasada las fotos!!! Ya producen una sensación de paz solo al mirarlas, así que estar alli y poder disfrutar de ello tiene que ser espectacular. A seguir disfrutando!!!! Besitos

    1. Así es, imagínate estar sentado delante de cualquiera de esos jardines con el único sonido de la lluvia cayendo y el canto de las cigarras de fondo…es pura paz.

  3. Sin duda el camino de la filosofía es increíble, solo con ver las fotos en mi cabeza resuena el sonido de la naturaleza, detallazo el de los gatos, mira por donde se hicieron una apacible casita.

    El Yakisoba tiene una pinta increíble, ¡Que hambre! y por dios ese dulce que es!! bollo con crema y helado…..arg nos llevan años de ventaja estos Japos

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