Japón, Viaje 2012

Bambi era japonés

Hoy comenzó nuestro último día en Kioto como de costumbre, aunque sin desayuno en Delifrance, ya que fuimos más bien justos para coger el tren JR que nos llevaría a Nara.

El viaje fue de unos tres cuartos de hora aproximadamente que nos parecieron cinco minutos, a causa del gas del sueño. Al llegar a la estación no pudimos evitar soltar una carcajada al ver el bar en el que íbamos a desayunar: “Vie de France” XD…era exactamente igual que el Delifrance pero con otro nombre! Había las mismas bebidas y los mismos bollos…una cosa muy sospechosa. En cualquier caso, forramos bien el estómago de azúcar, café y otras “guarreridas” para ponernos de camino al Parque de Nara.

Es una ciudad muy bonita por lo poco que pudimos conocer y la verdad nos dio pena pasar solamente un día allí. Caminamos a lo largo de una de sus calles, llena de tiendas y restaurantes para llegar a nuestro primer destino del día: Templo Kofukuji. Nos llevamos un gran chasco al ver que su edificio principal estaba en en obras, aunque fue un chasco por ignorancia, ya que dicho edificio fue destruido por un incendio en el año 1717 y actualmente están trabajando para reconstruirlo. Eso sí, las obras continuarán como mínimo, hasta el año 2018. No obstante, eso no nos impidió disfrutar de otras bellas construcciones del templo, como la pagoda de 5 niveles o los pabellones octogonales.

En esta zona comenzamos a ver alguna de las grandes estrellas de Nara por excelencia, los ciervos Sika. Según nos íbamos adentrando en el gran parque, cada vez podíamos ver más ciervos, algo así como lo vivido en el parque de Miyajima pero a una escala mayor. Por norma general son bastante mansos y se dejan tocar y mansuñar todo lo que quieras, no obstante hay que andarse con ojo, sobre todo si llevas algo apetecible, como un mapa de la ciudad…el nuestro se vuelve a casa con un mordisco de recuerdo XD.

Cruzamos parte del parque y entramos en una nueva calle con destino al Templo budista Todai-ji. En esta calle existen algunas tiendas que, entre otros souvenirs, tienen comida para ciervos disponible por el módico precio de 150¥. Se trata de una especie de galletitas tipo barquillo, fabricadas específicamente para ellos. De hecho, cualquier otro alimento está prohibido y penado. No pude resistirme y decidí darles de comer…aunque no sabía la que me venía encima! Nada más partir la primera galleta, el crujido de la misma hizo que acudieran más ciervos de la cuenta y terminé protagonizando una especie de encierro de San Fermín a la japonesa. Son insaciables y alguno un poco bruto a la hora de comer, pero la experiencia es preciosa…sobre todo si os encantan los animales como a nosotros.

Tras pasar un momento maravilloso con nuestros amiguitos, cruzamos finalmente la puerta al templo Todai-ji. Según entras, no ves gran cosa pero después de pasar por el edificio en el que se encuentra la taquilla, por fin lo ves, el gran Daibutsuden, edificio principal del templo. Es enorme! Impresiona y sobrecoge al mismo tiempo, nada más mirarlo. En las fotos lo reconoceréis enseguida por su tamaño y por sus característicos “cuernos” de oro en su tejado. No sabemos qué nos impresionó más, si ver el templo por fuera o ver al Daibutsu (Buda gigante) en su interior. Esta enorme estatua de Buda de 15 metros está hecha de bronce y oro y pesa unas 500 toneladas. La estatua además, está escoltada por varias deidades de tamaño bastante considerable, aunque el reclamo de este lugar, para los turistas, a parte de admirar al propio Daibutsu, es una columna situada en la parte trasera de Buda y que tiene un agujero que la atraviesa en su parte más baja. Se dice que dicho agujero tiene el tamaño del orificio de la nariz del propio Buda y que quien consiga pasar por él, recibirá su sabiduría y su bendición. Normalmente pasan los críos y algún escuálido valiente sin miedo a quedarse allí eternamente. A mi me daba un poco de angustia pero Aida lo consiguió!…pasó por el agujero sin mayores dificultades. Así que cuidadín, que ahora ya es tan sabia como el propio Buda 😉

El resto de la mañana transcurrió entre visitas a otros templos más pequeños de la zona, más ciervos (son la caña) y mucho calor. Finalmente deshicimos el camino y nos fuimos a una galería comercial de las calles de Nara para buscar un sitio para comer. Terminamos entrando en uno ubicado en un local subterráneo donde comimos unos platos muy sabrosos. Por un lado, pollo teriyaki con huevo y por otro hamburguesa de arroz con tortilla y salsa de curry, ambos acompañados de unos fideos con salsa de algún tipo de marisco, ensalada y cómo no, arroz.

Regresábamos caminando a la estación cuando vimos un salón arcade que había pasado desapercibido durante nuestro camino de ida y nos decidimos a entrar. Tras dar una vuelta entre los UFO catchers (las maquinitas del gancho) vimos al final del local unas cabinas conocidas como “Purikura”, que es como los japoneses pronuncian las palabras “Print Club”. Total, son una especie de fotomatón pero con mogollón de pijadillas para personalizar las fotos a tu antojo. Es increíble como tienen montadas esas zonas, con espejos para que la gente se maquille y se peine antes de entrar y demás. La verdad que es algo que gusta mucho por aquí, sobre todo a las chicas. Obviamente nos hicimos nuestras Purikuras y lógicamente salimos divinos de la muerte, así que dejamos nuestra estampa en un mural del local. Aunque lo mejor fue las risas que nos echamos mientras retocábamos las fotos 🙂

Antes de salir del salón también probamos suerte, sin éxito, intentando conseguir un peluche para nuestro perrín en uno de los UFO catchers y conseguí echarme una partida a un juego musical que ya habíamos visto varias veces en la tele. El juego consta de un periférico en forma de Taiko, un tambor japonés, que tienes que ir golpeando al ritmo de la música, según las indicaciones en pantalla. Lo mejor, la selección de temas: el “Pon pon pon”, que muchos recordarán de nuestra boda y la canción principal japonesa de Caballeros del Zodiaco, Pegasus Fantasy. De este último, tenéis vídeo en mi Facebook, para que podáis ver un poco cómo es el juego, que la verdad es muy divertido…y es posible que me haga con una copia para Nintendo 3DS, ya que estamos aquí 🙂

El día comenzaba a terminarse y tras un viaje en tren durmiendo completamente, llegamos al hotel donde nos preparamos para volver a cenar Okonomiyaki a nuestro restaurante preferido de Kioto…con la mala suerte de que a partir de las 9 y media no admitían más clientes…así que reservaremos nuestro último okonomiyaki para nuestra estancia en Tokio. Al final cogimos comida para llevar del Delifrance, que aún estaba abierto, aunque por poco y cenamos en la habitación del hotel.

Nosotros cerramos por hoy también que mañana toca un madrugón de los buenos para irnos de excursión al Monte Fuji…estamos impacientes!!!

Abrazos!

3 thoughts on “Bambi era japonés”

  1. Qué bueno Fon con bambi jejeje y lo de las fotos de la maquina de purikuras muy buenas!!! jejeje. Esperamos con ansia la entrada de mañana, hacer muchas muchas fotos, que quiero una del gran Fuji para hacer ampliación!!! 😉 A disfrutar chicos!!

    Besitos

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