Japón, Viaje 2012

La senda del ninja

Hoy ha sido un día larguísimo, llevamos en pie desde las 6 de la mañana y estamos deshechos, aunque nos lo hemos pasado genial.

Comenzamos la mañana en la estación de tren de Kyoto para ponernos de camino a Iga-Ueno, un pueblo situado entre Osaka y Nagoya, famoso por ser la cuna del clan ninja Iga. Nuestro objetivo allí era visitar el Iga Ninja Museum, un museo en el que pudimos conocer más acerca de estos peculiares guerreros de las sombras.

Nada más llegar a Iga-Ueno, más bien a Uenoshi, nos dimos cuenta que en este pueblo saben la importancia que tiene su pasado Shinobi, sobre todo de cara al turismo. Pudimos encontrar ninjas en todos los sitios, en las tapas de las alcantarillas, en el andén de la estación, autobuses ninja e incluso en los carteles de los lavabos. Es un pueblo que nos gustó mucho, es muy tranquilo y silencioso, sin grandes aglomeraciones de gente, como a las que estamos acostumbrados.

Tras hacer una parada en el Lawson de la zona (Supermercado tipo Alimerka) para comprar el desayuno, nos dirigimos al Iga Ninja Museum, situado en el parque Ueno (Sí, tiene el mismo nombre que el parque de Tokio), al que tardamos en llegar unos 10 minutos, aguantando el calor mañanero como podíamos. Compramos la entrada y nos adentramos en el museo.

La primera parte de la visita consiste en una casa ninja en la que nos explicaron todos los secretos y artilugios ocultos de los que disponía. Nada más entrar, nos descalzamos y una chica vestida de ninja, mejor dicho de kunoichi (término aplicado a las mujeres) nos invitó, junto al resto de visitantes, a sentarnos sobre el tatami de la primera habitación. Allí nos enseñó cómo los ninja actuaban en caso de que su casa fuese víctima de un ataque. Así, nos hizo una demostración del funcionamiento de paredes ocultas giratorias, estanterías que en realidad son escaleras para subir a un altillo secreto, tablillas del suelo que esconden espadas y shuriken (estrellas ni ninja), etc. Una demostración bastante corta pero muy interesante. También se me olvidaba comentar, que en el museo existen trajes ninja para alquilar, de todos los tamaños. Las niñas japonesas estaban especialmente graciosas con sus disfraces ninja rosas.

La segunda parte de la visita consistió en una exposición de diferentes armas, utensilios, información en general para ayudar a comprender un poco el modo de vida ninja. Entre las cosas que pudimos ver, una de las más curiosas es que los ninja no utilizaban ropa negra en sus misiones nocturnas, pese a la imagen que todos tenemos, ya que la noche nunca es completamente negra y éste color destaca bastante. Utilizaban, en cambio, un color azul marino, que les permitía camuflarse en la oscuridad con mayor efectividad. Pudimos ver diferentes armas, de ataque y de defensa, bombas de humo, shurikens, abrojos… Una colección espectacular a poco que te guste todo esto.

Tras la visita a la exposición, comenzó el show ninja, un espectáculo en el que hicieron demostraciones sobre meditación, lanzamiento de armas arrojadizas, combate y defensa con distintas armas…Eso sí, nos supo a poco, solamente 15 minutos. Espero que siga creciendo y terminen teniendo un show de al menos media horita, porque se te quedan ganas de más. Al menos lo grabamos en vídeo para poder delaitarnos las veces que queramos.

La última parte de la visita era opcional y por 200¥ adicionales se te permitía lanzar 4 shuriken reales a una diana situada a unos 5 metros. Yo lo hice fatal, es bastante más complicado de lo que parece, ya que no tienen una superficie de agarre cómoda y el secreto está en el movimiento de la muñeca justo antes de soltarlo. Todo esto con bastante fuerza y velocidad para que se clavase en la madera. Una experiencia fenomenal.

Salimos del museo ninja y nos dirigimos al castillo de Ueno, situado en el mismo parque a unos 5 minutos caminando. Es un castillo muy bonito aunque bastante básico y no muy grande, pero que merece la pena admirar durante un rato. Y eso fue lo que hicimos, acompañados de la música de un grupo callejero, nos sentamos en un banco a descansar mientras observábamos el castillo ante nosotros. En cuanto nos fuimos, los músicos habían dejado de tocar y de pronto, el cantante nos llamó para regalarnos un disco…no quise aceptarlo pero insistió en que era un regalo y me pidió que lo escuchase. Le dimos las gracias acompañadas por una amplia reverencia como la ocasión requería y nos fuimos del parque con ese CD, que será uno de los mejores recuerdos que nos llevamos de este país.

Hora de cambiar de ciudad, así que tomamos los trenes correspondientes rumbo a Osaka. En total fueron tres horas de viaje, aunque esta vez no se nos hicieron tan pesadas como de costumbre. Cuando quedaba más o menos media hora para llegar a la estación de destino, vimos a una mujer haciendo grullas de origami. En una de las paradas vio que la estábamos observando con atención y entonces se levantó y comenzó a hablar con nosotros. Se llama Misako, tendrá unos 70 años, está aprendiendo inglés por su cuenta y la verdad, habla mucho mejor que la mayoría de jóvenes japoneses que nos encontramos por ahí. Nos regaló una grulla de origami a cada uno y nos enseñó una libreta llena de comentarios y dedicatorias que otros viajeros extranjeros le escribían. Nosotros fuimos consecuentes y le dejamos un mensaje en la libreta. Al llegar a la estación nos hicimos una foto con ella y le regalamos un barquito de papel que le encantó. Mucho más sencillo que una grulla, pero un origami al fin y al cabo. Nos indicó el tren que deberíamos coger para ir a nuestro siguiente destino y nos despedimos con un abrazo, un “sayonara” y un adiós. Misako, esperamos que seas muy feliz y que no pierdas nunca esa eterna sonrisa.

Tras hacer una parada para comer, cogimos el tren que Misako nos había dicho para llegar al castillo de Osaka. Este castillo es una pasada, cuanto más te acercas a él, más te gusta y es difícil dejar de admirarlo por un segundo, así que nos tomamos nuestro tiempo observándolo y haciéndole unas cuantas fotos. No accedimos al interior ya que no merece la pena por estar completamente remodelado y la única gracia está en subir al corredor de la última planta y usarlo de mirador.

Volvimos a la estación para coger un tren rumbo al último destino del día, el Nipponbashi o Den Den Town, la ciudad electrónica de Osaka, lo que viene siendo el equivalente al Akihabara de Tokio. No pudimos ver demasiado porque tardamos un buen rato en encontrarlo y se nos echó el tiempo encima, por tanto no podemos ser objetivos comparando, pero vamos, nos quedamos con Akihabara pero con diferencia.

Regresamos a la estación de Osaka para coger el tren de las 21:00 que nos llevaría de vuelta a Kioto, para poder volver al hotel y tomarmos un, yo creo que merecido descanso.

Eso ha sido todo por hoy.

Hasta mañana!!

10 thoughts on “La senda del ninja”

  1. Me ha matao el cartel de los baños !! Tiene que ser una pasada lo del pueblo ninja y muy curioso lo de que iban de azul y no de negro jeje

    Lo de la señora del tren Misako me ha parecido lo mejor es increíble !! Luego me preguntan por que pienso que tenemos tantas cosas que aprender de japon

  2. No se si habrá dedales consuegra , pero ellos se lo están pasando bomba ,es un viaje inolvidable, me encanta que lo estéis pasando también , os lo merecéis , con todo nuestro amor , besitos

  3. Pues mira que tengo en mente esta excursión! No en vano, Hattori Hanzo fue un famoso ninja de Iga que ayudó a Ieasu Tokugawa con una vía de escape…motivo por el cual fueron incorporados a la guardia del castillo Edo ^_^
    Siempre me ha encantado esa historia!
    Gracias por la info! un abrazo

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