Japón, Viaje 2012

Memorias de una…de Tuilla

Hoy holgazaneamos un poco más que de costumbre e hicimos más bien poco caso al despertador, para echar media horita más de sueño, que a este paso no recuperamos.

Salimos del hotel en dirección al centro comercial Yodabashi, para desayunar. Esta vez le tocó el turno a la cafetería Delifrance, a la que habíamos echado el ojo días antes. Nos metimos un par de bollos con trozos de chocolate entre pecho y espalda y nos dirigimos a la estación de autobuses.

El primer punto de hoy en nuestra agenda, consistía en visitar el templo Ginkakuji, o templo de plata. El caso es que existe también otro templo llamado Kinkakuji, conocido como el Pabellón Dorado, el cual teníamos prevista su visita para otro día. En fin, que nos hicimos la picha un lío y por confundir una letra terminamos yendo al Kinkakuji.

En Kyoto, el medio de transporte habitual es el autobús, mucho más lento y tedioso si te acostumbras a la eficiencia de los trenes y Metro de Tokio. El viaje, con muchas paradas, se nos hizo muy pesado y eso que no salimos ni de la ciudad. No éramos conscientes de nuestra equivocación hasta que una vez atravesada la puerta del templo, vimos el Pabellón Dorado ilustrado en un mapa.

Aunque nos trastabilló los planes de un día, nos lo tomamos como una sorpresa, ya que era uno de los objetivos más importantes de nuestro viaje. Y es que el Kinkakuji es una obra de arte increíble, está hecho para ser admirado, pintado y fotografiado. Se trata de una construcción de tres plantas, ornamentada principalmente con oro, cuya belleza es solamente igualable por su propio reflejo en el agua. Podéis comprobar en las fotos que no exagero nada al comentar sus bondades. Cuando nuestra cámara comenzó a echar humo de tanto retratar al Pabellón Dorado, continuamos la marcha por un sendero que nos llevaría a visitar el resto de pequeños templos de la zona. Por el camino nos encontramos un pequeño altar con una pieza circular en el centro, en la que la gente arrojaba monedas intentando meterlas dentro, supongo que con algún motivo de obtener buena suerte, pedir un deseo, etc.

Una vez visitado el Kinkakuji, decidimos seguir con el resto del plan establecido para el día de hoy. Asi que salimos de la zona del templo y nos pusimos en busca del autobús que nos llevaría al siguiente templo: Kiyomizu-dera.

Tras mirar una y otra vez nuestros planos sin sacar nada en claro, decidimos preguntarle a un señor que dirigía el tráfico en el cruce a la entrada del templo. Muy amable nos señaló la dirección en la que encontraríamos la parada de bus y nos dijo el número de línea que deberíamos coger para llegar a nuestro próximo destino. El viaje fue de unos 45 minutos, una auténtica brasa, haciendo paradas cada dos segundos. Definitivamente, en tema de transporte urbano, Tokio gana por goleada, gracias a la excepcional red de tren y metro que posee.

Por fin llegamos a la parada de Kyomizudera-michi, donde una elegante pagoda nos recibió sobresaliendo por encima de las pequeñas casas de la zona. Pero antes de seguir con la visita del templo Kiyomizu-dera, decidimos hacer una parada para algo muy especial. ¿Recordáis que os prometimos geishas? Pues aquí os traigo una muy original, podríamos denominarla “Asturgeisha”.

Callejeamos acompañados de un calor agotador, hasta encontrar, no sin antes preguntar a un lugareño, el Shiki Studio. Se trata de un estudio en el que te puedes vestir como una maiko, una geiko o incluso un samurai, cuidando hasta el más mínimo detalle y en el que te realizan una serie de fotos, que posteriormente te entregan en un pequeño book. Un recuerdo y una oportunidad única que Aida no pudo dejar escapar 🙂

Después de esperar más de una hora sin ver nada del proceso, una chica salió a buscarme para llevarme con mi mujer, ya semijaponesa XD. Me calcé los playeros para subir una escalera en el exterior del edificio, que llevaba al segundo piso, donde nuevamente me descalcé para entrar en el estudio fotográfico. Fue increíble encontrármela tan perfectamente caracterizada, el kimono y todos sus accesorios son una auténtica pasada. La fotógrafa me la presentó diciendo: “Aquí tienes a tu princesa japonesa” 🙂

Pude quedarme a ver la sesión de fotos en el interior y en el exterior, donde incluso nos dieron 10 minutos a solas para poder hacer las fotos que quisiésemos. En la entrada os dejamos un aperitivo de la sesión.

Más tarde, habiendo Aida recuperado su aspecto natural, nos pusimos en marcha hacia el templo Kiyomizu-dera. Su edificio principal, cuenta con una especie de corredor limitado por una barandilla que lleva a un pequeño precipicio al bosque. Una antigua tradición consistía en saltar desde la barandilla hacia el precipicio, una altura de 13 metros, y si se conseguía sobrevivir a la caída, un deseo sería concedido.

La verdad que es una zona muy bonita y fotogénica, aunque tuvimos la mala suerte de encontrarnos varios edificios en proceso de restauración, algo necesario pero que empaña el conjunto de la visita. También, a causa de las obras no pudimos ver las llamadas “Piedras del amor”, un par de rocas situadas a 18 metros la una de la otra y que las personas que quieran garantizar su éxito en el amor, deberán, con los ojos cerrados cubrir la distancia que las separa.

Volvimos hacinados y cocidos al vapor en un autobús más que repleto a la estación de Kioto para seguir a pie nuestro camino al Hotel. Nos dimos una ducha y nos fuimos de nuevo a la estación, aunque esta vez a la zona de restauración. Allí cenamos en un restaurante que servían Okonomiyaki, un plato que ya probamos hace días en Akihabara. Para el que no lo sepa, el okonomiyaki consiste en una mezcla de repollo, harina y huevo a la que se añaden distintos ingredientes más, formando una pasta que se prepara a la plancha, dando como resultado una especie de tortilla super jugosa y sabrosísima. La de hoy era la recomendación de la casa y llevaba cerdo, noodles (fideos) y queso. Estaba simplemente espectacular.

Eso ha sido todo por hoy, espero que os gusten las fotos. Mañana es uno de los días que con más ansia espero…y es que habrá… Ninjas!!!

Un saludo!

4 thoughts on “Memorias de una…de Tuilla”

  1. Menuda sorpresa!! aunque he de confesar que llegaron las fotos a mi poder antes que al blog jejeje (esto de ser la hermana mayor tiene sus beneficios) Es que es una pasada, me emociona muchísimo ver lo mucho que disfrutáis haciendo vuestro sueño realidad, os lo merecéis!!! Ya tengo ganas de que llegue mañana para leer más jeje.

    Besitos chicos!! 😉

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