Road Trip USA, Viaje 2017

Día 9 – De Zion National Park a Las Vegas

Hoy, madrugar no estaba de moda. Llevaba unos días con problemas cervicales y la medicación me estaba dejando completamente K.O. Aun así, gracias a ésta y a que ayer nos habíamos pasado toda la tarde descansando en la piscina, ya estaba algo mejor, por lo que antes de abandonar Zion, decidimos hacer una de sus rutas más conocidas, The Narrows, y así no nos iríamos del parque con la sensación de no haber podido conocer nada.

En realidad, esta ruta nos hubiese gustado haberla hecho nada más llegar al parque y así poder reservar Angel´s Landing para el día de hoy, pero mi salud lo había impedido, así que este famoso trail quedará para otra ocasión. En su lugar, decidimos realizar un tramo de la anteriormente mencionada The Narrows, mucho más asequible para mi estado.

Tras desayunar unos cereales comprados el día anterior en el supermercado de la zona, dejamos el coche en una zona de aparcamiento del propio pueblo de Springdale y tomamos el shuttle gratuito que lleva al Visitor Center, ya que el parking de esta zona suele estar bastante lleno. Desde allí, tomamos otro bus hasta la parada Temple of Sinawava, la más próxima al trail (en este tramo además no está permitida la circulación de coches durante los meses de verano).

Con mucho calor y un sol que a estas horas ya apretaba fuerte, cogemos nuestros bastones, escarpines y agua suficiente para sobrellevar los 8 km aproximados (ida y vuelta) que pretendíamos recorrer del trail Riverside Walk + The Narrows hasta el cañón Orderville.

Esta ruta tiene un encanto especial, ya que combina un tramo más o menos llano, de camino en su mayor parte pavimentado, rodeado de las rojizas montañas de Zion, donde incluso puedes ver a las personas que están en lo alto haciendo otras rutas y suficientes tramos de sombra, por lo que es ideal si os coincide un día soleado como a nosotros.

Una vez terminado este tramo inicial por tierra, llega la mejor parte, adentrarte en el río Virgin para recorrer su cauce a pie. Aunque muy refrescante y con unas vistas espectaculares, el recorrido no es todo lo fácil que pueda aparentar, ya que vas luchando todo el rato para no caerte al ir caminando entre las piedras y contra la corriente. De todas formas, es un tramo muy divertido que, llevando el equipamiento adecuado (bastones, escarpines, etc.) se te hará mucho más fácil de recorrer.

Después de un rato a remojo, decidimos dar media vuelta, deshaciendo todo el camino andado hasta llegar a nuestro coche, para ponernos cuanto antes en ruta y recorrer las 3 horas que nos distaban de nuestra siguiente base, Las Vegas.

A mitad de camino decidimos hacer una parada en un Taco Bell que quedaba al lado de la carretera para no perder demasiado tiempo. El viaje entre Zion y Las Vegas es bastante curioso, sobretodo el momento en el que las colinas van desapareciendo para dar paso a un inmenso desierto. Lo más espectacular, sin duda, es el avistamiento de la ciudad en la lejanía. Presenciar como emergen de la nada los enormes edificios que conforman la ciudad del vicio, es realmente impresionante.

En Nevada existe una diferencia horaria de una hora respecto a Utah, así que le marcamos un gol al reloj, aunque fuese moralmente. De la soledad y la calma del desierto, pasamos a la locura más absoluta. Cientos de coches entrando y saliendo de la ciudad, bombardeo de publicidad, luces, música… todo ello 24 horas del día, sin cesar. La verdad es que se cumple a la perfección eso de que es la ciudad que nunca duerme.

Tras hacer check-in en nuestro hotel, decidimos ir recorriendo los distintos complejos que forman el Strip, calle principal de Las Vegas donde se encuentran los mejores hoteles. Nuestro preferido fue el Hotel Venetian, con sus canales y góndolas, que de alguna manera te transportan a la conocida ciudad del amor italiana.

Como contrapunto, aunque en un primer contacto puede parecer todo bastante alucinante, hemos de decir que Las Vegas en general no nos ha convenido demasiado. No hemos llegado a sentirnos completamente integrados y cómodos. Ya sea por venir de la paz y tranquilidad que nos daban los parques naturales o porque sencillamente no es nuestro rollo, nos ha dejado un poco indiferentes respecto a las expectativas iniciales.

Todo aquel que me conozca, sabe que me encantan las margaritas (las flores también), por eso, cuando decidimos visitar Las Vegas, no dudamos en cenar en el restaurante mexicano El Segundo Sol, donde dicen que sirven las mejores. No sé si fue la mejor, pero os puedo decir que los nachos que pedimos junto con unas fajitas, acompañados de mi watermelon margarita, hicieron una cena perfecta.

Decidimos volver por el lado opuesto al que habíamos ido, para así seguir visitando alguno de los hoteles, en este caso, el Caesars nos llamó especialmente la atención.

Desde aquí llegamos al lujoso Hotel Bellagio, donde disfrutamos de su espectáculo de agua en la fuente exterior.

Con bastante cansancio acumulado en el cuerpo, volvimos hasta nuestro hotel, el Flamingo, pero no sin antes dejarnos caer por el precioso Hotel Paris, con su bonita recreación de la Torre Eiffel. Finalmente, y antes de irnos a dormir, decidimos probar suerte en las máquinas tragaperras del casino, pero tras ver que perdíamos dólares sin saber muy bien cómo ni porqué, decidimos dejarlo para los expertos en la materia y reservarnos los pavos para cosas más importantes.

Mañana pasaremos el día completo en esta ciudad, con alguna que otra sorpresa, pero eso os lo contamos en el próximo post o quizás no, porque lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas…

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