Road Trip USA, Viaje 2017

Día 8 – De Bryce Canyon a Zion National Park

Los buenos días en Bryce Canyon resultaron no ser tan buenos, ya que amanecimos con el sonido de un buen tormentón que iba a condicionar de alguna manera el comienzo del día pero que no nos iba a impedir disfrutarlo todo lo posible.

Nuestro primer objetivo consistía en realizar una ruta que transcurre entre las chimeneas del cañón (Queens Garden/Navajo Loop Combination Trail) pero se vio truncada por la lluvia. No es nada recomendable realizarla en condiciones lluviosas debido a que por su forma, es una zona de rápida inundación y podría ser muy peligroso encontrarse dentro en plena tormenta.

Como alternativa, decidimos disfrutar del parque al menos recorriendo varios de los miradores para poder contemplarlo desde distintos ángulos y la verdad que nos sorprendió gratamente. La ruta nos quedará pendiente para otro viaje pero no llegamos a irnos con mal sabor de boca gracias a las bonitas vistas que nos brindó Bryce Canyon, incluso con un clima tan inestable.

Las cervicales de Aida comenzaron a no darle tregua, así que decidimos ponernos ya en ruta hacia Zion, lugar dónde nos hospedaríamos esa noche.

El trayecto fue de unas 85 millas, unas 2 horas de carretera aproximadamente, con parada obligatoria en el restaurante Thunderbird, en el que decidimos comer. Es un establecimiento famoso por sus pasteles caseros, que en nuestro caso no pudimos probar porque con los dos platos que nos metimos entre pecho y espalda (sándwich de ternera y hamburguesa) no nos quedó espacio para más. Nos quedará pendiente para otro año, de eso no tenemos ninguna duda.

Unas cuantas millas más tarde comenzamos a darnos cuenta que Zion se encontraba cerca al empezar a  rodar sobre sus carreteras de color rojizo. El espectacular paisaje de Red Canyon nos acompañó hasta el umbral de este bonito parque nacional.

La actividad principal que llevábamos anotada para el día de hoy, una vez hubiésemos llegado al parque, era la ruta sobre el río llamada The Narrows. Esa era la idea, pero en cuanto llegamos a nuestro hotel de Springdale, aparcamos el coche y vimos la piscina que había justo enfrente de nuestra habitación, decidimos olvidarnos de todo, despreocuparnos, coger un par de refrescos, las toallas y disfrutar del resto de la tarde a remojo bajo el sol utaheño.

No os podéis imaginar lo necesario que es, durante unas vacaciones de carretera, tomarse al menos una tarde de “descanso” sin pensar en compromisos, guías o agendas que cumplir.

Ya agotado el día y regenerados (en parte) nosotros, solamente nos quedaba dar un paseo al anochecer por el precioso pueblo de Springdale mientras buscábamos alguna tienda para comprar algo de cenar y terminar otra jornada redonda.

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