Islandia, Viaje 2018

Día 3: Sur de Islandia

Recorrido aproximado del día: 343 km – 4 h 54 min.

Hoy el día prometía, nos esperaba uno de los momentos más impresionantes del viaje, poder ver un glaciar.

Madrugramos bastante para poder ver la cascada de Skogafoss en solitario. Esta cascada tiene una altura de 60 metros, pero lo que realmente impresiona es su anchura de nada más y nada menos que 30 metros. El caudal que lleva es realmente impresionante y hace que te sientas muy pequeño desde los pies de esta.

Tras un rato observándola y un millón de fotos, pusimos rumbo a la lengua Solheimajokull perteneciente al glaciar Mýrdalsjökull. Hoy había previsión de fuertes vientos y los sufrimos en cuanto nos bajamos del coche. El camino hasta el glaciar se empezó a hacer duro e imposible, las ráfagas de viento que soplaban no las habíamos sentido en la vida. Fon apenas podía avanzar y yo tenía que sentarme y agarrarme a las cuerdas que había porque literalemente me tiraba al suelo. Con estas duras condiciones, decidimos ser prudentes, no seguir avanzando y volver al coche. Tan solo pudimos verlo desde lejos, pero no tocarlo.

A 5 minutos de este punto se encuentra el famoso avión abandonado DC-3. Este realizó un aterrizaje forzoso, allá por 1973, quedando sobre la tierra volcánica de Solheimasandur. Por suerte, no se saldó con ninguna vida. Desde el aparcamiento habilitado son 40 minutos de ida y 40 minutos de vuelta. El camino se hace muy duro, sobre todo si tenéis un día de viento extremo como nosotros, donde las piedras te iban golpeando y el viento te impedia caminar con normalidad. Para la ida íbamos en la dirección del viento y nos hacia mucha gracia, muchas risas y se nos hizo relativamente corto. Pero la vuelta ya fue otro tema, con el viento de cara, se hizo bastante duro. Aun así, personalmente consideramos que merece la pena la visita.

Ponemos rumbo ahora a Vik y Mýrdal, allí visitamos los acantilados de Dyrholaey. Una pista para 4×4 te lleva al faro, así que aprovechamos para subir a verlo. Desde allí se tienen unas vistas preciosas de la zona y de los famosos tres trolls Reynisdrangur.

Decidimos no bajar a la playa de Reynisfjara, una pena perdernos las preciosas formaciones de basalto Reynishverfi y su arena negra. Pero hoy el tiempo no acompañaba nada y el viento ya hacía mella en nuestro cansancio. El tramo de caminata al avión, nos dejó un poco destrozados.

Nos fuimos a reponer fuerzas en un bar de una gasolinera que recomendaba la Lonely Planet, Vikurskáli. Decidimos comer un plato de hamburguesa con patatas cada uno, con agua gratis, 20€ al cambio en total.

Tras el merecido descanso, nos acercamos a la bonita Iglesia de Vik, famosa por su tejado rojo. Desde el cementerio que se encuentra por un camino tras esta, se tienen unas vistas muy bonitas del pueblo de Vik y su playa.

Ponemos rumbo ahora al Parque Nacional de Skaftafell, el segundo parque nacional más grande de Islandia. Aquí decidimos no aparcar en el parking donde se encuentra el visitor center sino que seguimos hacia uno un poco más cercano a la cascada de Hundafoss y Svartifoss. Hundafoss  aunque bonita, no tiene nada que ver con lo que nos esperaría después.

Svartifoss es la joya del parque, una cascada preciosa enmarcada entre columnas basálticas hexagonales.

Desde el Centro de Visitantes, al lado derecho de este, existe un camino de unos 4 km que te lleva al glaciar Skaftafellsjökull, pero que decidimos no visitar por falta de tiempo. A cambio, nos desviamos para visitar la lengua Svinafelsjökull del glaciar Vatnajökull. Nuestro primer glaciar que vemos de cerca y donde sientes la verdadera magia de Islandia. Un país que te sorprende con el esplendor de toda su naturaleza.

Nuestro siguiente punto fue Fjallsárlón Iceberg Lagoon, una laguna de icebergs del glaciar Vatnajökull.

El tiempo comenzaba a empeorar, la nieve hacía acto de presencia y aun nos esperaba cerca de una hora de trayecto para llegar a nuestro alojamiento de hoy. Nos acercamos al glaciar de Jökulsarlón y a la famosa playa de arena negra Diamond Beach. Esta nos decepcionó un poco, porque las fotos que habíamos visto eran realmente impresionantes, con miles de trozos de hielo sobre su arena negra. Pero cuando nosotros fuimos, había muy poquitos, no sabemos si por el temporal, o por la época del año.

Una hora después llegamos Höfn donde haríamos noche. Aprovechamos para cenar en Hafnarbudin, su famoso baguette de cigalas y un sándwich por 36€.

Hoy tenemos cielo encapotado, así que también será imposible poder ver auroras.

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