Road Trip USA, Viaje 2017

Día 7 – De Monument Valley a Bryce Canyon visitando Antelope Canyon y Horseshoe Bend.

Que el despertador sonase antes de tiempo esta mañana tenía justificación y es que, contemplar el amanecer desde las cabañas de The View Hotel es magia pura. Si ya fue espectacular permanecer en el porche la tarde anterior vigilando la puesta de sol, el proceso inverso es todavía más emocionante. Ojalá todos los días comenzasen así, con esta estampa, como despertar dentro de un lienzo en el que no existe más que belleza.

Antes de emprender otra jornada de asfalto y gasolina, nos dirigimos al restaurante del hotel para desayunar. En esta ocasión, pudimos disfrutar de un variado buffet en el que nos decantamos por un estilo americano eligiendo huevos, bacon, hash browns y unos buenos cafés para que las neuronas comenzasen a engranar bien.

Ropa fresca, gafas de sol y con el motor rugiendo, comenzamos nuestro viaje al primero de los puntos fotográficos más impactantes que nos iba a ofrecer nuestra estancia, que sería Horseshoe Bend. Pero antes, a solamente 20 minutos desde nuestra partida, decidimos hacer una parada en el Forrest Gump Point, un punto muy visitado por viajeros y turistas que, aparte de salir en el filme homónimo, ofrece una de las vistas más bonitas de la carretera y el valle.

Tras algo más de dos horas de interminables rectas y emisoras de radio con música country, llegábamos al aparcamiento de Navajo Tours, compañía con la que haríamos una visita al Antelope Canyon. El calor a estas horas era bastante amenazante, así que, botella de agua en mano, esperamos sentados a la sombra mientras llegaba nuestro camión. Así es, un pequeño camión es el medio de transporte que une la zona del parking con la entrada al cañón, algo bastante lógico por otro lado ya que hablamos de arena, dunas y más arena como trayecto.

Ya sentados en la carga del camión junto a un grupo de silenciosos japoneses, los miembros del tour nos advirtieron que nos preparásemos para comer polvo como nunca y que deberíamos haber llevado un pañuelo para taparnos la boca durante el viaje. Lástima, era demasiado tarde. Nos conformamos con ir escupiendo granitos de arena en la medida de lo posible mientras nos agitábamos arriba y abajo al compás de la amortiguación de la máquina surcando las dunas a toda pastilla. Fue muy divertido, hemos de confesar.

Nuestro transporte se detuvo a escasos metros de la imponente grieta que sirve de entrada al cañón e inmediatamente comenzamos la visita. Como podéis imaginar y como sugieren las imágenes, efectivamente el espacio en esta zona es muy reducido, por lo que con la cantidad de gente que nos encontrábamos allí en ese momento, la travesía debía ser realizada sin mucha demora, permitiendo el flujo justo de personas sin podernos detener a contemplarlo como se debería.

Esto puede llegar a ser un poco agobiante, ya que al ir en grupo y acompañados de un guía, tienes que adaptarte a los tiempos marcados y es posible que no te dé tiempo a saborear algunas de las zonas, convirtiéndose el paseo en un tour fotográfico express. Está claro que es una zona fotogénica por naturaleza, pero como de verdad se disfruta es sin lente de por medio, aprovechando el escaso tiempo que se nos permite pasar en su interior, acariciando las paredes y admirando el juego de colores, luces y sombras de esta maravilla de la erosión. Por otro lado, aunque con cierto estrés, nuestra guía siempre estaba pendiente de todos los miembros del grupo, recomendando los mejores puntos para situarse a realizar las instantáneas y que saliesen lo mejor posible, llegando incluso a recomendarnos los ajustes más apropiados para cada tipo de cámara.

Con otro lugar tachado en la lista de cosas por ver durante el viaje, nos montamos de nuevo en nuestro Mustang (nuestro, dice…) y nos pusimos rumbo a una de las vistas más maravillosas que hemos podido presenciar en nuestra vida. Y no es otra que Horseshoe Bend.

Tras unos 10 minutos en coche desde el aparcamiento de Navajo Tours, llegábamos por fin al punto de observación del famoso meandro. En comparación al ajetreo vivido en Antelope Canyon, esta visita fue todo lo contrario y, es que, aun habiendo bastante gente, debido a la amplitud de la zona, pudimos quedarnos un buen rato simplemente contemplando el lugar. Ya no había prisas, no había empujones…solamente el sol, el sonido del viento y un paraje espectacular e hipnótico del que nos costó una barbaridad separarnos. Se convirtió al instante en uno de nuestros momentos favoritos del viaje y por supuesto, en una recomendación indispensable para cualquier viajero que se aventure por estos lares.

Se nos pasaba la hora de comer y decidimos hacer una parada en el pueblo de Page, que se encontraba a otros 10 minutos escasos de la herradura. Definitivamente, esta significó un punto de inflexión en nuestra aventura, al ser nuestra primera visita al que se convertiría posiblemente en nuestro restaurante Fast Food favorito de USA, Taco Bell. Al igual que nos ocurrió con CoCo Curry Ichibanya en Japón, esta cadena de comida mexicana se convertiría desde el primer momento en un habitual durante los días de vacaciones que nos quedaban. Es posible que fuese causado, en parte, por las ganas y altas expectativas que traíamos desde España respecto a esta famosa franquicia.

Con el estómago lleno de un buen variado de quesadillas, burritos y limonada rosa, afrontamos la última parte del día sobre el asfalto, unas 3 horas de coche, hasta el que sería nuestro destino y alojamiento para esta noche. Llegábamos por fin a Bryce Canyon.

El Cañón Bryce es otro de los lugares fruto de la erosión más famosos del país y conocido por las características formas y colores de sus “hoodoos” o Chimeneas de Hadas, que forman un paisaje excepcional y que sorprende por su extensión. Si hay algún gamer en la sala, seguramente conozca esta estampa del videojuego Horizon Zero Dawn (Playstation 4), donde sale bastante bien recreada.

Pudimos contemplar el cañón desde el Sunrise Point al atardecer, hora en la que cobra un encanto especial al ser bañado por los últimos rayos de Sol.

Como inicialmente teníamos previsto ver Bryce al día siguiente, dedicamos lo que quedaba de jornada a instalarnos en nuestro hotel, el Bryce View Lodge, dar buen uso de la lavandería (que ya iba tocando) y pasear un poco por el pueblo, que tenía un ambiente encantador.

Con pocas fuerzas para más y sin mucho hambre por haber comido bastante tarde, decidimos cenar en nuestra habitación parte de las provisiones que llevábamos en el coche y dar ya por finiquitado un día intenso e inolvidable.

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