Japón, Viaje 2016

Templo del Musgo y Museo Ferroviario de Kioto.

Hoy era nuestro último día en Kioto y teníamos un plan especial. Hace unos meses, habíamos hecho una reserva en uno de los templos menos conocidos de Japón.

No sé si recordáis que meses antes de partir a nuestro viaje, enviamos una carta para poder conseguir la entrada a dicho templo, ya que solo admite reservas solicitadas a través de correo postal. Pues bien, finalmente la conseguimos y hoy era el día de esta ansiada visita. Os dejamos aquí el post que realizamos, donde explicamos todo sobre el templo y cómo hacer la reserva.

Pues bien, como teníamos reservado para las 10 de la mañana, nos pusimos camino a la estación a eso de las 8 y media. Desde Kyoto Station tomamos el metro de la línea Karasuma hasta Shijo Station, de ahí la línea de tren Hankyu Kyoto hasta Katsura Station y una vez allí, la línea Hankyu Arashiyama hasta Matsuo Taisha Station. No os asustéis con tanto trasbordo, en las estaciones está todo muy bien señalizado y no tiene pérdida, suponiendo el trayecto total unos 30 minutos aproximadamente. Una vez en Matsuo Taisha Station, nos llevó unos 15 minutos llegar caminando hasta el templo.

El templo en concreto es el Templo del Musgo o Templo Kokedera (también se le conoce como Moss Temple o Saihoji Temple) que tal y como os contamos en el link que os dejamos más arriba, para nosotros, posee uno de los jardines de musgo más bonitos que hemos visto jamás. Por lo que, si os apetece ver algo diferente y menos turístico, este es vuestro sitio. No me extiendo más, porque tenéis todo explicado en el artículo que creamos en su día.

A continuación del templo, teníamos prevista la visita a la zona de Gion, pero como al final la realizamos en días anteriores, decidimos ir a visitar el nuevo Museo Ferroviario de Kioto que se había inaugurado en abril de ese mismo año.

Llegamos allí a media mañana y aunque había bastante gente, la visita fue de lo más agradable. El museo había abierto recientemente y estaba todo nuevecito. Disfrutamos la visita como niños y es que, a la entrada del museo, podías recoger una hoja para poner sellos y si conseguías todos, te obsequiaban con un detallito. Así que, mientras visitamos todo el museo, estuvimos buscando los distintos sellos y finalmente, ¡conseguimos todos!

El museo está dividido en diferentes sectores. Según entras, te encuentras con tres trenes de distintas épocas: una locomotora a vapor, un tren eléctrico y un shinkansen. Podemos ir viendo el interior e incluso en el shinkansen, entrar a la cabina de conducción, toda una experiencia si sois amantes de los trenes. Según avanzamos, nos vamos encontrando varios vagones de pasajeros, uno de ellos, transformado hoy en un vagón restaurante donde incluso se puede degustar un menú preparado para la ocasión.

En la planta baja del edificio principal, se encuentran un montón de vehículos más, con muchas explicaciones (eso sí, en japonés) y varias zonas interactivas donde los niños se lo pasaban en grande.

En la primera planta hay una enorme maqueta super bonita con un montón de trenes circulando en ella. También hay varias actividades interactivas para niños, donde tienen hasta un simulador de conducción.

En la última planta, encontramos una terraza con unas vistas espectaculares de la ciudad, a la que sin duda merece la pena subir. Desde allí, podréis ver la pagoda del templo Toji y las vías de tren por donde pasan frecuentemente numerosos shinkansen.

En la parte exterior, encontramos más trenes expuestos y una plataforma giratoria con varias cocheras de trenes, todos ellos con sus locomotoras allí aparcadas. Y como plato fuerte del museo, podemos incluso hacer un viaje en un tren de vapor. Toda una experiencia en un recorrido de 1 km, donde podremos disfrutar de un agradable paseo de unos 10 minutos aproximadamente.

Para comer, nos decidimos por el propio restaurante del museo y no lo recomendamos para nada. La comida es mala. Malísima y cara. La peor que pudimos comer en todo el viaje. En las fotos puede parecer lo contrario pero creednos, en Japón la comida rápida suele ser deliciosa por norma general…y en este caso no merece la pena gastarse los yenes.

Cuando ya tuvimos suficiente de museo, nos fuimos hacia la salida, no sin antes pasar, como no, por la tienda de souvenirs, donde nos compramos alguna cosita para regalar a nuestros seres queridos.

Pusimos rumbo a Kioto Station para hacer tiempo antes del que sería nuestro último festival en Japón, el Daimonji.

Como aún teníamos tiempo, decidimos pasar el resto de la tarde de compras en el Yodobashi, ya que Fon quería comprarse algunas cosillas para pintar las maquetas de Gundam que lleva acumulando desde nuestro primer viaje a Japón en 2012.

El plan de hoy era acercarnos hasta Hirosawacho y coger una barquita en el lago para así poder asistir a dos festivales: el Arashiyama Toro Nagashi donde así podríamos navegar bajo la única luz de los farolillos de papel que inundan el lago y ver una de las seis hogueras que se encienden por el Daimonji, el torii-gata. Pero hoy la buena suerte no estaría de nuestro lado. Cuando salimos del Yodobashi, cayó la tormenta del siglo y no cesó en toda la tarde. Intentando evitarla, conseguimos llegar a la estación por los subterráneos que cruzan desde la Kioto Tower y, con gran tristeza, decidimos no asistir al festival (ya que no sabíamos incluso si llegaría a cancelarse por la lluvia) y cenar en los bajos de la estación.

Así terminaba nuestro último día en Kioto, pero quién sabe, ¡quizás volvamos y podamos disfrutar de ese festival algún día!

Mañana nos vamos a Tokio, ¡dos últimos días!

 

 

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