Japón, Viaje 2012

Cantando bajo la lluvia

Hoy volvimos a madrugar y para no perder la costumbre, volvimos a desayunar en el Delifrance. El chocolate con hielo que tienen está riquísimo!

Esta vez nos tocaba nuestra penúltima visita a los templos de Kioto (mañana es nuestro último día en esta ciudad), así que nos pusimos en marcha hacia la estación de autobuses, que está adherida a la de tren, para coger el bus que nos llevaría a la zona norte.

Tras preguntarle a un trabajador de la estación qué autobús deberíamos coger (es lo más rápido y práctico), nos dirigimos a la dársena correspondiente y esperamos unos 5 minutos a que apareciese el nuestro. Debíamos posarnos en la última parada del trayecto así que no había equivocación posible…eso sí, nos comimos unas 23 paradas, que en total fue cosa de media hora de viaje, más o menos.

Llegamos a la parada, cerca de una universidad y un museo, creo, y a unos 50 metros vimos un panel con un plano de los templos de la zona que nos sirvió para orientarnos y seguir nuestro camino hacia el primer objetivo del día: Ryoan-ji (El templo del dragón pacífico)

Seguimos las indicaciones del plano y tras seguir una pequeña carretera unos cinco minutos a pie, llegamos a la puerta del templo. Atravesamos el parking e hicimos una parada para repostar en una máquina de bebidas, pero esta vez, en lugar de usar las de siempre, probamos en unas que te sacan un vaso del refresco que prefieras, con hielo. Esto está muy bien, porque muchas veces cuando tenemos sed y nos apetece una bebida con gas, no tenemos más remedio que comprar como mínimo una lata de 33 cl o incluso la botella de medio litro. Resultado, tras los tres primeros tragos nos cansamos y lo acabamos bebiendo por no tirarlo. Pues con estas otras máquinas podemos elegir entre dos tamaños de vaso, a unos precios de 80 y 90 yen y obtener nuestro refresco que cumple perfectamente su objetivo.

Mientras nos terminábamos la bebida vimos que unos metros delante había una señora en un pequeño puesto repartiendo té a los visitantes de forma gratuita. Como no nos entraba más líquido, le hicimos un quiebro futbolístico para que ni nos lo ofreciera, así no tendríamos que decirle que no.

Seguimos caminando hasta llegar a la taquilla para comprar nuestra entrada y seguir avanzando por el sendero hasta la zona del templo. Lo primero que nos encontramos fue un precioso estanque lleno de nenúfares con un pequeño puente muy bonito desde el que asomarte a admirarlo. Nos descalzamos para entrar al edificio principal y enseguida salimos a un corredor que daba al Karesansui, un jardín zen de gravilla y rocas. Sentarse a contemplar el jardín acompañados del olor a madera e incienso es una pasada. También pudimos ver algunas de las habitaciones del edificio, mientras continuábamos caminando por sus corredores admirando los distintos jardines interiores.

Llegamos de nuevo a la entrada para volver a calzarnos y nos fuimos alejando del edificio para llegar a otro gran estanque. Mientras caminábamos nos pareció sentir alguna gota de agua caer…una gota de agua que se transformó en cuatro gotas más y que derivaron en una tormenta de verano en condiciones. Nos pusimos chorreando de arriba a abajo, no sé si fue la nostalgia de nuestra tierra o que habíamos pasado demasiado calor, pero seguimos paseando tan tranquilamente bajo la lluvia entre risas. Sin duda, fue uno de los mejores momentos del día.

Nos gustó mucho mojarnos con la lluvia, pero tampoco somos masocas y teníamos que seguir viendo templos, así que nada más salir, nos compramos un paraguas en la primera tienda que nos encontramos. Bueno, nosotros y toda la tropa que estaba visitando el templo, así que la señora vendedora se hizo de oro a base de paraguas, por cierto, transparentes, con una membrana más fina que el aire…yo creo que deben ser biodegradables o algo.

Biodegradables o no, nos cobijaron de la lluvia hasta el siguiente templo, el Ninna-ji. Tras callejear un poco y perdernos bajo la tormenta, llegamos a la puerta del templo donde hicimos otra obligada parada bajo techo para tomarnos un refresco, esta vez de melón (no he tenido oportunidad de volver a comprar otro de Dragon Ball). Sabía a jarabe para la tos pero bueno, no estaba del todo mal.

Tras unos minutos la lluvia cesó y nos permitió adentrarnos en el templo. Vimos un par de zonas, la primera compuesta por una pagoda de cinco plantas y varios edificios más y la segunda, sin duda la más bonita, el Goten, una antigua residencia de un ex-emperador con unos jardines preciosos.

El cielo seguía con su tregua, así que decidimos continuar. Cogimos el Railway hasta nuestro siguiente y último destino del día: Arashiyama. En la estación había multitud de tiendas y puestos para comer, pero la estrella indiscutible era una cerveza de la marca japonesa Kirin, con la espuma helada. Tuve que pedir una. Te la sirven en un vaso de caña de plástico y le añaden la espuma a -5°, quedando como si fuese nieve. La verdad que estaba muy rica, sobre todo acompañada de unas patatas fritas “shaka shaka”, que consiste en añadirles un sazonador en la bolsa, cerrarla, agitarla (de ahí el shaka shaka XD) y a comer!

A cincuenta metros de la estación teníamos la entrada al siguiente templo, el Tenryu-ji o Templo del Dragón Celestial, que cuenta con unos estanques preciosos y unos bellos y amplios jardines, pero por lo que verdaderamente lo recordaremos será por servirnos de puerta hacia el camino de bambú. Entrar en el camino de bambú es impresionante, todo cambia, la luz, los sonidos, los colores…Avanzar por ese sendero, flanqueado por esas enormes plantas es una maravilla para los sentidos y nadie que venga a Kioto puede perdérselo.

El cielo no pudo esperar más y justo cuando nos íbamos volvió a descargar. Continuó lloviendo el resto de la tarde-noche, incluso cuando salimos a cenar, curry por cierto, seguían cayendo rayos y seguían empapándose las calles. Terminamos la jornada tomando unos helados muy simpáticos en una heladería cercana al hotel, donde nos atendieron unas chicas supermajas que cuando nos fuimos, siguieron diciéndonos adiós hasta que nos perdieron de vista. Aaay, cuánto echaremos de menos la amabilidad y cortesía de esta gente!

Mañana es nuestro último día en Kioto, así que intentaremos exprimirlo al máximo.

Buenas noches!

5 thoughts on “Cantando bajo la lluvia”

  1. Buá, las fotos del bambú son una pasada. La verdad que japón es el paraíso del fotógrafo…
    Un abrazo y a seguir bien, chicos. Ya se os empieza a echar mucho de menos. 😉

  2. Me va a dar pena cuando volváis y no tenga blog que leer jeje. Las fotos me encantan, seguro que acabaré haciendo una ampliación de alguna foto para seguir decorando la casa jeje, también hay que reconocer que el fotógrafo hace mucho 😉

    Mmmmm que pinta tienen los helados!!! A seguir disfrutando de ese maravilloso país. Besitosss

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